20 feb 2008

Resignación

Hace tiempo aprendí que lo peor que uno puede hacerse a sí mismo, es aplacar lo que siente y dejarlo atrás, porque un debería impuesto desde hace mucho nos dice que es lo mejor. Y no se debe a nada más que al simple hecho que casi todos olvidamos, de que hacer algo así es como traicionarnos, como dejarnos a nosotros mismos de lado, para poner a otro, a un extraño por sobre nosotros. Lo cual no es justo por el simple hecho de que nosotros somos valiosos, únicos e increíbles y si no nos defendemos, cuidamos y queremos, ¿quién más lo va a hacer? Pobre de nosotros, si la persona a la que más deberíamos importar nos abandona a nuestra suerte.


Desde allí, aprendí que no sólo es una buena opción, sino que es la mejor manera de cuidarnos.


Pero encargarme de ello me había hecho olvidarme de la resignación. Porque la resignación es como olvidar lo que en realidad queremos, necesitamos o deseamos para atenernos a lo que simplemente sucede, pero que sinceramente creo que se puede cambiar.


¿Sólo que qué pasa con la resignación cuando se opone a nuestros deseos? ¿Qué pasa cuando el resignarnos nos hace dudar de qué es lo correcto y qué es lo equivocado?


Pero sobre todo, ¿qué pasa cuando la resignación en sí parece ser lo más equivocado, descabellado, despiadado y déspota del mundo?






Y no me digas "hay que resignarse, porque así nomás es...", porque te tiro algo por la cabeza...

1 comentario:

Alina Golondrina dijo...

tanta, pero tanta sabiduria en ese corazon y esa cabeza...


me hizo muy bien
gracias


=)