10 ene 2008

Deseos



De repente, simplemente quedaron mirandose uno al otro, muy cerca, carentes de palabras porque, en realidad, todo lo que había que decirse estaba en las miradas, en las expresiones, en todo; aún el entorno hablaba por sí solo.




Hasta que él formuló la pregunta que no debía ser formulada y ella dio la respuesta que no debía ser dada.






-¿Quieres que me vaya a casa?






-No, quiero que te quedes conmigo.






Y para hacer la despedida más difícil ella pudo leer, más precisamente sentir, tanto sensorial como extrasensorialmente que él quería quedarse, que aquella pregunta fue precisamente la que él quería formular y que aquella respuesta era la misma que él habría querido escuchar. Pero no, no era correcto. Había aptitudes y destrezas tales como la madurez y la responsabilidad que él como adulto debía desempeñar, cueste lo que cueste. Aunque los deseos no coincidieran con la realidad, aunque eso no era lo que él realmente deseaba. Así que tuvo que decirle las palabras que sus labios no querían pronunciar y dijo adiós, pero no se movió.






Ella cerró los ojos y, no sin antes pensar en mandar todo al diablo y simplemente besarlo porque sabía que él no se resistiría, lo incitó a que se vaya, llegando a preguntarse si tal vez él secretamente no habría estado deseando que ella insistiera.






Él se levantó y, mientras buscaba su abrigo, se esforzó por encontrar las palabras adecuadas, aunque fueran meros formalismos; pero ella simplemente lo calló diciéndole lo que sí debía decirse e intentando con toda la voluntad que le quedaba que él se marchara de una vez, porque aún retumbaban en su cabeza las palabras de él cuando le respondió "yo tampoco" a su "es que no puedo evitarlo."

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