mientras él miraba su regalo y no cesaba de alabarlo, tal vez por temer que al callarse ella hiciera la pregunta que él ya sabía que eventualmente debería contestar, ella miraba a su alrededor buscando el menor momento de privacidad para hablarle.
cuando finalmente llegó, esperó a que la cabeza de él resurgiera de entre la prenda que ella le había regalado y que él se estaba probando y le habló.
-¿hace cuánto?
el rostro de él se transfiguró. ¿remordimiento, tal vez? ella no sabía, pero lo miró insistentemente, no dispuesta a bajar la mirada hasta que él le diera una respuesta.
-hace un año y medio.
un año y medio. dieciocho meses. ella levantó las cejas en el tan conocido gesto de molestia, de desilusión, que él ya había aprendido a leer. hasta que él se apresuró a decir:
-pero es algo casual, sin importancia.
ella rió, con la risa del que finalmente entiende algo que siempre entendió y del que finalmente comprende aquello que siempre comprendió. pretendió no escuchar lo que él le había dicho y se despidió. le repugnaba el rostro de él, con una pizca de lo que parecía ser remordimiento y otra pizca de algo que en todo este tiempo no había aprendido a leer en su rostro.
finalmente comprendió que podría estar perdidamente enamorada, hacer un millón de cosas para que él lo entendiera, pero que era verdad que él había perdido su corazón hacía mucho tiempo; o que tal vez aún lo tenía en el pecho pero había olvidado cómo utilizarlo. comprendió que siempre, pero siempre, habrían otras por delante de ella, más que seguro de las que lastiman y de las que hacen daño, pero que ni así él le daría una oportunidad, esa que ingenuamente había esperado desde lo más secreto de su corazón. más que entender, supo que ésta era la sabiduría del universo en su máxima expresión, ayudándola a cumplir su destino, y verdaderamente entendió lo que significa la resignación.
entendió su desconcierto al verla llegar. entendió por qué cambiaba su rostro al tener que mostrarle la verdad de las verdades tan bruscamente. entendió por qué actuaba de aquella manera tan extraña al ver que ella lo tenía tan presente en su corazón, en su mirada, en su sonrisa triste. entendió que quería que se quedase, pero a la vez también quería que se marchara. y que así había sido la historia de ellos durante tanto tiempo, una cuestión de querer, de no querer, o tal vez de no saber qué se quiere.

pero ya estaba exhausta.
ahora sólo le quedaba acelerar el paso, un paso que la llevara lejos de esa ciudad, lejos de él y de sus ojos y de su sonrisa y de su cuerpo y del dolor que siempre significaba él.
aunque sabía muy bien que no importan cuán lejos te vas, si aquello que querés olvidar está dentro tuyo.
1 comentario:
ay corazona...sin palabras, me haces acordar a la cancion de sabina "...porque el amor, cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren..."
te extraño, tengo ganas de escucharte y que charlemos... tratare de comprar una tarjeta y llamarte :)
y me encanto lo que escribiste, mas alla de la tristeza infinita que tus palabras dejan traslucir...
te quiero amiguis :)
Publicar un comentario