13 jun 2008

Finalmente

mientras él miraba su regalo y no cesaba de alabarlo, tal vez por temer que al callarse ella hiciera la pregunta que él ya sabía que eventualmente debería contestar, ella miraba a su alrededor buscando el menor momento de privacidad para hablarle.

cuando finalmente llegó, esperó a que la cabeza de él resurgiera de entre la prenda que ella le había regalado y que él se estaba probando y le habló.

-¿hace cuánto?

el rostro de él se transfiguró. ¿remordimiento, tal vez? ella no sabía, pero lo miró insistentemente, no dispuesta a bajar la mirada hasta que él le diera una respuesta.

-hace un año y medio.

un año y medio. dieciocho meses. ella levantó las cejas en el tan conocido gesto de molestia, de desilusión, que él ya había aprendido a leer. hasta que él se apresuró a decir:

-pero es algo casual, sin importancia.

ella rió, con la risa del que finalmente entiende algo que siempre entendió y del que finalmente comprende aquello que siempre comprendió. pretendió no escuchar lo que él le había dicho y se despidió. le repugnaba el rostro de él, con una pizca de lo que parecía ser remordimiento y otra pizca de algo que en todo este tiempo no había aprendido a leer en su rostro.

finalmente comprendió que podría estar perdidamente enamorada, hacer un millón de cosas para que él lo entendiera, pero que era verdad que él había perdido su corazón hacía mucho tiempo; o que tal vez aún lo tenía en el pecho pero había olvidado cómo utilizarlo. comprendió que siempre, pero siempre, habrían otras por delante de ella, más que seguro de las que lastiman y de las que hacen daño, pero que ni así él le daría una oportunidad, esa que ingenuamente había esperado desde lo más secreto de su corazón. más que entender, supo que ésta era la sabiduría del universo en su máxima expresión, ayudándola a cumplir su destino, y verdaderamente entendió lo que significa la resignación.

entendió su desconcierto al verla llegar. entendió por qué cambiaba su rostro al tener que mostrarle la verdad de las verdades tan bruscamente. entendió por qué actuaba de aquella manera tan extraña al ver que ella lo tenía tan presente en su corazón, en su mirada, en su sonrisa triste. entendió que quería que se quedase, pero a la vez también quería que se marchara. y que así había sido la historia de ellos durante tanto tiempo, una cuestión de querer, de no querer, o tal vez de no saber qué se quiere.

pero ya estaba exhausta.

ahora sólo le quedaba acelerar el paso, un paso que la llevara lejos de esa ciudad, lejos de él y de sus ojos y de su sonrisa y de su cuerpo y del dolor que siempre significaba él.

aunque sabía muy bien que no importan cuán lejos te vas, si aquello que querés olvidar está dentro tuyo.

9 jun 2008

ayudame

necesito ayuda. y mucha.

siento que me voy, siento que me hundo. ya no necesito razones válidas, ni argumentos gruesos. se me están cerrando los ojos y no puedo volver a abrirlos.

se me perdió la alegría y no la encuentro.

sí, ya sé qué pensás: algo tan valioso y yo lo vengo a perder así, sin más. pero es que es de familia, nací despistada y ya me resigné a que me voy a morir despistada. porque siendo así, despistada fue como se extravió.

por eso, porfi, ayudame.

yo sé que no se debe haber ido muy lejos, pero no la encuentro.

nono, mejor ayudame a buscarla. porque, si te digo la verdad, no la busqué mucho.

ayudame a saber de dónde vienen las lágrimas. y no me hables de los ojos. yo quiero saber de dónde verdaderamente vienen. porque yo las tengo a montones e intenté regalarlas, pero nadie las quiere. entonces, hago fuerza para que no se me salgan. pero ya no puedo más. pero tengo miedo, porque a veces pienso que si las dejo salir, no van a parar.

contame cómo era reirse. no, no es que me haya olvidado. pero yo te hablo de las carcajadas, de esas que te contraen los músculos y te hacen lagrimear. así como cuando estás contento de verdad y, si pudieras, le gritarías al mundo cómo te sentís.

dale, mirá hacia arriba y describime cómo es el cielo, qué forma tienen las nubes y contá las estrellas en voz alta así te puedo escuchar. así tal vez me tiente y por ahí, de a poquito, me vuelve la fuerza para estirar mi propio cuello y mirarlo por mí misma.

describime qué sensación te produce la carcajada de un niño. y mejor si me mirás como loca cuando te digo que yo ya ni presto atención para poder escuchar alguna.

contame si vos sí sentís el cosquilleo en la panza cuando ves a alguien que te gusta mucho mucho.

decime que se siente hermoso la calidez de un beso, la suavidad de una caricia y la gracia de una mirada.

haceme acordar cómo es cuando se te hinchan los pulmones llenos de aire, llenos de vida y la sangre no sólo ruge en tus venas sino que te calienta la piel y te llena de fuerza y de ganas para salir a la calle, como si fueras a conquistar el mundo.

y si no te digo nada, si parece que no te escucho, mirame a los ojos.

pero, pará, no te asustes si están muy tristes. fijate más allá, que ellos seguro gritan lo que yo parezco no querer decir.

pero, por sobre todas las cosas, relatame detalladamente cómo se siente volver a creer. contame lo lindo que es volver a confiar. y explicame aunque te mire incrédula lo maravilloso que es entregarse al universo en sus idas y venidas, en las sorpresas que tiene para ofrecer cada segundo que pasa. y gritá que por cada razón para estar triste existen millones y millones para sonreir hasta poder atar las comisuras de la boca detrás de mi cabeza y agradecer con los ojos bien abiertos la gran oportunidad de estar viva.