23 mar 2009

...tengo...


tengo un libro de palabras que no me animo a decirlas, pero que no las callo, sino que me limito a esconderlas en un torrente verborrágico, completamente desordenado y carente de sentido.

tengo un balde repleto de lágrimas, imposible de derramar, con la excusa de que existen cosas más importantes, como mi carrera y el trabajo que aún no consigo.

tengo un carretel de pensamientos hilados, que decidí no pensarlos, para pretender que los escondo bajo la música en volumen 18 que suena a través de mis auriculares.


tengo un boleto de colectivo sin retorno, que me lleva lejos de los brazos en los que quisiera quedarme pero que, paradójicamente, son los que hacen que más me aleje.

tengo un asiento 24 del lado de la ventanilla, con vista a las estrellas y a los tantos miedos que me atormentan en silencio.

tengo un rostro seguro y un caminar erguido, para esconder un par de ojos tristes y un cuerpecito que sólo quiere ser protegido.

tengo un abrazo fuerte y dos ojos de lluvia gigantes, que me piden que me quede porque la nostalgia es más fuerte.

tengo dos pares de oídos que fervientemente necesito que me escuchen, pero también tengo una billetera vacía y la puta economía como factor limitante.

tengo una película estrenada en el momento justo, vista con la persona justa y una situación correctamente descripta como so meant to be en un calendario colgado en la puerta de un ropero rosa.

tengo una cama deshecha, una foto con un rostro que no es el mío y una voz haciendo realidad mis más terribles presentimientos.

tengo una foto, una mano y un cuello, y una sonrisa que quisiera olvidar.


tengo una computadora portátil, en medio de un colectivo en el medio de la nada, que guarda, salva y comprende sin preguntar las incongruencias que no me dejan domir.


y, finalmente, me tengo a mí

imperfecta,

ciclotímica,´

verborrágica,

impulsiva,

tan yo,

tan simple,

como el hecho de que, por tener tantas cosas, en realidad, no tengo nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

por cosas así es que valen la pena los viajes, uno se ve obligado a desplazarse, incluso dentro de uno mismo, a la vez que lo hace por un camino...
Me encanta volar, me encanta poder dormir en un micro, pero por cosas así, me encanta el tren, lugar en el que no se puede dormir, pero se puede ir a cualquier lado mientras sea para adentro...
Besos! nos estamos viendo! más besos!!!!