es inútil. no tiene sentido intentar describir tu grandeza con algo tan simple y tan ordinario como las palabras.
¿grandeza? sí, ¡grandeza!
sos grande, son imponente, sos impactante.
magnífico. invencible. inconmensurable.
a ver, dejame explicar.
vos simplemente sos, simplemente vas.
encontrás tu perfecto equilibrio para todas y cada una de las pequeñas cosas que te conforman, sin necesidad de explicarle a absolutamente nadie cuáles son tus razones. y, como yo soy una de esas pequeñas cosas que forman parte de vos, hacés de mi vida tu rompecabezas. miles, millones, infinidad de piezas desparramadas por el suelo, pegadas en las paredes y esparcidas hasta en los lugares menos imaginados, que a veces no me atrevo a mirar porque siento que cualquier cosa que construya no va a tener ni pies ni cabezas.
hasta que vos - tan liviano, tan sutil, tan volátil-, me vas entregando piezas chiquititas, de a poquito...
primero, no dándome ni la menor pauta de dónde tengo que ubicarlas. me dejás que yo lo descifre todo, que me vuelva loca, que pierda la calma, que me rompa la cabeza. hasta que cuando estoy a punto de tirar la toalla, cuando consideras que algo, aunque sea algo, aprendí me decís todo.
me mostrás la realidad como si me la estuvieras lanzándo a la cara y, si tuvieras rostro, estoy segura de que se te desfiguraría del placer al ver cómo yo, en lugar de cubrirme para protegerme, dejo mi pecho al descubierto y dejo que ella me golpee y me de vueltas y me tumbe y me acaricie y me haga suya...
porque si hay algo que amo, es esta realidad que me sorprende, que juega conmigo y me hace partícipe de lo emocionante que puede llegar a ser esta vida.
gracias, universo...
...por mostrarme cuán delicioso puede ser lo incierto...
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